LAS CASTAÑAS MÁGICAS
Érase una vez un chico huérfano. Estaba sentado junto a las cajas de una extraña tienda y lo único que le quedaban eran unas castañas que intentaba vender su padre antes de fallecer. El chico tenía mucha hambre así que se comió unas castañas. Ya estaba perdido. Solo le quedaban cuatro castañas y su sucio aspecto espantaba a la gente que pasaba. Entonces vio un perro.
-Tú eres como yo ¿no?--Dijo mientras lo acariciaba-No tienes familia y estás abandonado.
-¡Vamos, Robin!--Dijo el encargado de la tienda mientras cerraba la puerta.
El perro ladró y el chico se desilusionó aun más, pero el perro no se iba.
-Así que este también es como tú-Dijo el hombre--¿Verdad, Robin?
Robin volvió a ladrar.
-Toma, chico-Dijo el hombre mientras sacaba de su bolsillo una extraña canica-Te servirá.
-Gra-gracias-Tartamudeó el pobre chico.
El hombre se fue y levantó la mano como despidiéndose. El perro lo siguió. El chico observó la canica. Era impresionante. En su interior había una espiral blanca. El chico pensó que si la agitaba pasaría algo. La agitó pero sus pringadas manos le trajeron una desgracia, la canica cayó al suelo rompiéndose. Cuando el chico estaba apunto de llorar apareció, repentinamente, un espeso humo. El chico quedó impresionado. El humo se esfumó y dejó ver a una capa negra sujetándose sola en el aire.
-¿Qui-quien eres?--Preguntó el chico.
-Soy alguien que lo juzgan mal, alguien al que llaman asesino, alguien que solo hace su trabajo.
El extraño ser alzó la mano y se levantaron las cuatro castañas.
-En estas castañas se decidirá tu destino. Si eliges la primera castaña nacerás en una familia rica, si eliges la segunda nacerás en una vida animal, si eliges la tercera te convertirás en un ser condenado a llevarse a los que les llega su hora hasta que alguien lo sustituya, y si eliges la cuarta...
-¿Que pasa, que pasa si eliges la cuarta?
-Volverás con tu antigua familia.
El chico cogió la cuarta castaña.
-Sabía que elegirías esa-Dijo el ser-Debí haber hecho lo que tú hace mucho tiempo.
El ser sacó una guadaña de su espalda.
Al siguiente día el encargado de la tienda llegó.
-Venga Robin-Dijo--Hoy será un día de trabajo duro.
De repente, Robin se paró.
-Pobre chico-Dijo el encargado al ver el cadáver del chico al lado de la tienda-Pero hiciste lo correcto.
El encargado llamó a la policía. La policía llegó y examinó al chico. Tenía una marca hecha con un arma afilada. Nadie conocía a ese chico, pero algo hizo que este extraño caso no se perdiera en el tiempo. A pesar de que le habían rajado el cuerpo, el chico seguía sonriendo.